El presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump, visitó este martes la isla de Puerto Rico para dialogar con autoridades locales y conocer las condiciones de los cerca de 2 millones de damnificados por el paso del huracán “María”.

Casi 13 días después del golpe del ciclón, Trump apareció en Puerto Rico luego de un fin de semana en que criticó el liderazgo “mediocre” de Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan que el viernes pasado aseguró que la gente “estaba muriendo” por la falta de apoyo de la Casa Blanca.

El mandatario arribó acompañado de su esposa Melania Trump y su primer parada fue una reunión de coordinación con Ricardo Roselló, gobernador de Puerto Rico. En ese encuentro, Trump destacó la labor de varios cuerpos de gobierno estadounidenses y tuvo el primer gesto desafortunado de su visita: aseguró que las 16 víctimas fatales por el paso del huracán no representaban una gran catástrofe si se comparaba con lo ocurrido en 2005 con el huracán “Katrina”, donde más de 1.500 personas perdieron la vida.

Trump también tuvo otro episodio poco atinado cuando dijo que las labores de apoyo a Puerto Rico provocaron que el presupuesto “se saliera de control”. Hasta el momento, EU ha gastado en el envío de miles de marines, personal de la Administración Federal de Manejo de Emergencias, ingenieros, alimentos, agua y plantas de luz a la Isla, donde apenas el 10 por ciento de la población tiene servicio de energía eléctrica.

Sin embargo, parece que el mayor tropezón de Trump en su visita exprés fue el encuentro con afectados en una iglesia de Guaynabo, donde tomó rollos de toallas de papel y comenzó a lanzarlos a las personas reunidas en el lugar, en un gesto desenfadado que usuarios de redes sociales han tomado como una muestra más del poco interés del mandatario en el provenir de los puertorriqueños.