¿Por qué tantos profesionales chilenos de cuarenta años se están formando en coaching? Y qué mira una empresa antes de contratarlos

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Hay un movimiento silencioso en el mercado laboral chileno que no aparece en las estadísticas de empleo. Profesionales con quince o veinte años de trayectoria —una mayoría de mujeres, entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco— que no quieren cambiar de industria sino cambiar de rol: pasar de ejecutar a acompañar. De gestionar procesos a gestionar personas.

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El coaching es la puerta más transitada para ese giro. Y también la peor señalizada.

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Coaching de vida y modelo ontológico no son lo mismo

Antes de comparar programas conviene separar dos términos que la publicidad mezcla, porque nombran cosas distintas.

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Coaching de vida indica el terreno: procesos personales, no organizacionales. Decisiones, transiciones, proyectos que no arrancan.

Modelo ontológico indica el método, y viene de una tradición que en Chile tiene raíz propia: la desarrollaron Fernando Flores y Rafael Echeverría sobre la biología del conocimiento de Humberto Maturana. Su punto de partida es que ninguno de nosotros ve la realidad directamente, sino a través del observador que está siendo. De ahí que el trabajo no sea sobre el problema que la persona trae, sino sobre la interpretación desde la cual ese problema aparece como problema. Y que el lenguaje se entienda como generativo: cuando alguien declara, promete o pide, no está describiendo su mundo, lo está cambiando.

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Esa diferencia explica por qué dos programas con el mismo nombre pueden ser muy distintos, y por qué conviene mirar la acreditación además del método.

Por qué es tan difícil comparar dos formaciones

Si comparas dos programas de coaching, vas a encontrar planes de estudio parecidos, duraciones parecidas y promesas idénticas. La diferencia real está en un dato que rara vez aparece destacado: si el programa está acreditado por una organización internacional, y en qué nivel.

La referencia global es la International Coaching Federation. Acredita programas completos, no personas, y les asigna niveles. El que importa se llama Level 2, y hasta hace poco se llamaba ACTP.

Un programa Level 2 tuvo que demostrar cuatro cosas ante ICF: una cantidad mínima de horas de clase sincrónica, supervisión real de las prácticas de cada cursante, mentoring individual además del grupal, y evaluación de competencias observada, no un examen.

Para el egresado eso se traduce en algo muy concreto: puede postular a la credencial PCC de ICF por la vía directa. Quien cursó un programa sin acreditar tiene que armar el expediente pieza por pieza. Estudiar coaching ontológico online con certificación ICF Level 2 supone 196 horas organizadas alrededor de ese requisito.

Lo que preguntan las áreas de desarrollo organizacional

Este es el cambio de los últimos años en Chile, México y España: las áreas de desarrollo organizacional dejaron de pedir el diploma de la escuela y empezaron a pedir el nivel de acreditación del programa. No es esnobismo. Es que ante veinte currículums que dicen «coach», el nivel de acreditación es el único dato comparable.

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Y hay un segundo aval que casi nadie revisa, el de la PNL.

Como la Programación Neurolingüística nació fuera del ámbito académico, durante décadas cada escuela emitió su propio certificado con sus propios contenidos. La IANLP, la asociación internacional de PNL con sede en Suiza, ordenó ese desorden: fijó contenidos, horas y criterios de evaluación para los tres niveles y audita a las escuelas miembro. Si te preguntas dónde estudiar PNL online con certificación IANLP, ese aval es el primer filtro: son 130 horas evaluadas contra el estándar de la asociación y no contra el criterio de la escuela que emite el diploma.

Cuatro preguntas antes de pagar la matrícula

  1. ¿El programa está acreditado, o la escuela dice estar «avalada»? Son cosas distintas y se verifican en directorios públicos.
  2. ¿Cuántas de las horas anunciadas son en vivo? Es el número que más se infla.
  3. ¿Hay supervisión individual, o solo prácticas entre compañeros?
  4. ¿A qué credencial concreta habilita el certificado, y por qué vía?

El dato que suele decidir

Quien hace este cambio a los cuarenta rara vez lo hace por dinero: lo hace porque quiere trabajar de otra cosa. Pero a los dos años la pregunta ya no es vocacional sino práctica. En la escuela de coaching IAFI, que trabaja con las dos acreditaciones desde hace más de veinte años, el perfil de quienes cursan lo dice bastante claro: 28 % viene de recursos humanos, 24 % son empresarios, 19 % gerentes y 17 % psicólogos. No es un público que busque un hobby.

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