Hubo una época, por los 90s, en que apostar por Internet era casi una rareza tecnológica que muy pocos conocían. Con el paso de los años y gracias a que la conectividad se disparó, aparecieron programas hechos a la medida y los pagos a distancia empezaron a funcionar sin sobresaltos, lo que hizo que ese pasatiempo minoritario se convirtiera en una industria digital sin fronteras.
Ahora, miles de personas visitan GGBet casino para hacer sus pronósticos deportivos y jugar en slots desde cualquier lugar. Pero la situación no siempre fue tan sencilla. La evolución del iGaming (la industria del juego online) en el continente latinoamericano ha sido, cuan menos, accidentada.
Los primeros casinos digitales
Los primeros casinos online aparecieron a mediados de los 90s, y para 1996 apenas existían unos pocos sitios de este tipo en toda la red. En Latinoamérica, este fenómeno llegó de afuera hacia adentro, con usuarios que empezaron a conectarse a esos primeros sitios web extranjeros.
La demora en la expansión de los casinos en el continente se debió, principalmente, a la escasa conectividad de la época. En el 2000, solamente el 3,9 % de la población de América Latina y el Caribe tenía acceso a Internet, porcentaje que para 2004 había subido apenas al 11,4 %.
Pero varios factores se combinaron para que esta industria recién nacida lograra enganchar a sus primeros usuarios en el continente:
- Internet llegando a más casas.
- Los programadores consiguieron trasladar la dinámica de los juegos de siempre a una pantalla de computador.
- El cifrado hizo posible que las transacciones a distancia fueran confiables.
- Se acabó la obligación de ir hasta un casino, un hipódromo o una casa de apuestas.
Y en cuanto a la oferta, no era muy distinta de la de un casino físico. Entre 1995 y 1996 estos portales pioneros ya tenían tragamonedas, ruleta, blackjack y otros juegos de cartas, a los que después se sumaron loterías, bingo, póker y los primeros pasos hacia las apuestas deportivas.
La larga etapa de la zona gris legal
Cuando se menciona una “zona gris legal” dentro del iGaming latinoamericano, no quiere decir que el juego por Internet estuviera permitido. Se trata más bien de un escenario en el que sitios extranjeros operaban y sumaban clientes locales, pero las leyes de cada país no tenían cómo autorizarlas, revisarlas, cobrarles impuestos ni sancionarlas, porque simplemente no las contemplaban.
Durante años, los casinos internacionales sacaron provecho de ese hueco legal para meterse en nuestro continente. La propia estructura de Internet hacía posible que una empresa radicada en otro lugar recibiera registros y apuestas desde Chile (o cualquier otra nación), sin necesidad de tener oficinas ni licencias locales.
Esta falta de reglas trajo consecuencias, especialmente en materia de protección al usuario. Sin un regulador nacional con dientes de verdad, los jugadores quedaban en la práctica solos a la hora de reclamar por premios que no les pagaban, de exigir que los juegos fueran transparentes, de cuidar sus datos personales o de evitar que menores de edad entraran a apostar.
Y del otro lado tampoco era fácil, porque para las empresas, no tener un marco legal significaba no saber cómo pagar impuestos, qué publicidad podían hacer o qué medios de pago usar, con el riesgo constante de terminar bloqueadas.
Los primeros intentos por poner orden
Los gobiernos de la región reaccionaron cuando se dieron cuenta de que las apuestas online eran, en realidad, un negocio que movía cantidades enormes de dinero y, encima, funcionaba completamente fuera del radar del Estado.
Entonces, los gobiernos determinaron que había que recaudar los impuestos correspondientes y, por sobre todo, ofrecerles a los consumidores una protección real. Incluso algunos estados vieron en esto una oportunidad para destinar parte de esos nuevos ingresos a áreas sociales como la salud pública.
Colombia fue quien abrió camino en este proceso. Con la Ley 1753 de 2015, el país modificó su normativa de juegos de azar y reconoció legalmente las operaciones donde tanto la apuesta como el pago de premios se realizaban exclusivamente a través de Internet.
Un año más tarde, Coljuegos, el regulador colombiano, estableció los requisitos técnicos y financieros para que las empresas pudieran solicitar concesiones formales.
Gracias a esas medidas, a mediados de 2017, las autoridades colombianas firmaron el primer contrato oficial para operar sitios de apuestas en línea dentro de su territorio, y en paralelo comenzaron a bloquear técnicamente todas las páginas que seguían operando sin el permiso correspondiente.
Y en Chile cómo estamos
Hoy por hoy, el punto de partida en Chile sigue siendo el mismo. Los juegos de azar son ilegales, a menos que exista una ley que diga expresamente lo contrario.
Ese permiso lo tienen, por ahora, instituciones como Polla, Lotería, la hípica y los casinos físicos ya regulados.
Con la intención de cambiar esto, el 7 de marzo de 2022 ingresó al Congreso el Boletín N.º 14.838-03, pensado justamente para ordenar el sector. Tras su primer trámite, la Cámara de Diputadas y Diputados lo aprobó el 12 de diciembre de 2023, y desde ahí el proyecto pasó al Senado, donde continúa su revisión en medio de un debate que no ha sido nada de simple.
Hasta el momento, la iniciativa todavía no se convierte en ley. Es más, el 16 de junio de 2026, la Comisión de Economía del Senado decidió armar una mesa técnica junto con el Ejecutivo, con la idea de ganar algo más de tiempo y afinar los detalles del texto antes de la votación en particular.
Mientras el Congreso sigue dando vueltas al tema, otros organismos del Estado ya tomaron cartas en el asunto por su cuenta. Por ejemplo, el Servicio de Impuestos Internos (SII) dictó la Resolución N.º 69, vigente desde el 2 de junio de 2026, que obliga a las plataformas extranjeras a pagar el IVA digital, aunque el propio SII fue enfático en aclarar que pagar impuestos no convierte a ninguna empresa en legal.