Líder de banda narco operaba desde la cárcel de Valparaíso haciéndose pasar por fiscal
Luis Vidal Flores usó lenguaje jurídico técnico desde su celda para presionar a un sargento y sacar a un cómplice de la comisaría.
Luis Vidal Flores usó lenguaje jurídico técnico desde su celda para presionar a un sargento y sacar a un cómplice de la comisaría.
El nivel de audacia del crimen organizado sumó un capítulo insólito en la región. Un líder delictual operó como falso fiscal desde prisión, tomando el teléfono directamente desde su celda en el puerto para exigirle a la policía que soltaran a uno de sus secuaces recién capturado en la comuna del interior.
Todo partió por un operativo rutinario. Tras la detención de un sujeto en San Felipe, el teléfono sonó en la unidad policial. Al otro lado de la línea estaba Luis Vidal Flores, quien utilizó un tono de autoridad judicial para presionar al personal de guardia.
El imputado no titubeó. Usó lenguaje técnico propio de los tribunales para darle peso a su mentira y apurar a los uniformados.
“Mire, estaba llamándolo por un procedimiento que ustedes adoptaron hace unos minutos atrás en San Felipe. Quiero aplicar inmediatamente el artículo 26 en contra de esta persona”, exigió desde el encierro.
La estrategia era clara: generar caos. Buscaba aprovechar el estrés del momento para forzar un error administrativo que dejara libre al detenido.
Pero chocó con un muro burocrático.
El sargento a cargo del turno no se dejó intimidar por las prisas del supuesto persecutor. Le contestó de frente que el papeleo del arresto todavía no ingresaba al sistema institucional. Ese simple paso pendiente frenó la orden y desarmó la trampa armada a kilómetros de distancia.
Esta maniobra telefónica no fue un arranque de creatividad espontáneo.
La investigación interna determinó que esta misma estructura criminal basa su modelo de negocios en la suplantación de identidad. Su principal fuente de ingresos son las estafas patrimoniales, atacando directamente a trabajadoras de casa particular mediante engaños telefónicos para vaciar cajas fuertes y robar especies de alto valor.
Actualmente, las policías y Gendarmería rastrean la ruta tecnológica del engaño. La prioridad es descubrir qué nivel de acceso a internet o redes de contacto tiene este individuo para enterarse en tiempo real de una captura, y cómo logró conseguir el número directo del mesón de guardia de una comisaría lejana.