Esteban, el viñamarino de 10 años que irá al Mundial de Pokémon
Con apenas 10 años lidera el ranking latinoamericano de su categoría y representará a Chile en el Mundial de Pokémon en San Francisco.
Con apenas 10 años lidera el ranking latinoamericano de su categoría y representará a Chile en el Mundial de Pokémon en San Francisco.
Lo que comenzó como una salida para comprar sobres de cartas Pokémon terminó convirtiéndose en una aventura que hoy llevará a Esteban Quiroz Riquelme hasta el Campeonato Mundial Pokémon, que se disputará en agosto en San Francisco, Estados Unidos. Con solo 10 años, el pequeño jugador logró clasificar al torneo más importante del circuito internacional y encabeza el ranking chileno y latinoamericano de su categoría, un logro que para su familia es el resultado de meses de esfuerzo y perseverancia.
Esteban recuerda con claridad cómo nació su pasión por este juego. Cerca de su cumpleaños visitó una tienda para comprar cartas y, casi por casualidad, les comentaron que al día siguiente se realizaría un torneo. “Armamos un mazo a la rápida, jugué… y me gustó mucho”, recuerda. Aquella experiencia fue suficiente para despertar una afición que no ha dejado de crecer.
Con el tiempo comenzó a descubrir distintos mazos y estrategias. Uno de los que más marcó sus primeros pasos fue Gardevoir, aunque también ha disfrutado probando nuevas combinaciones y perfeccionando su estilo de juego.
Catalina, su madre, asegura que el verdadero punto de inflexión llegó apenas un mes después. Esteban participó en su primer torneo puntuable utilizando un mazo Gardevoir que una jueza le prestó minutos antes de competir. “Nunca había jugado con ese mazo y ganó el torneo. Ahí nos dimos cuenta del potencial que tenía, porque era un mazo complejo de utilizar”, recuerda.
Desde entonces, el camino dejó de ser un simple pasatiempo. La familia comenzó a recorrer distintas ciudades de Chile para disputar torneos puntuables y sumar experiencia. Más tarde llegaron los desafíos internacionales con viajes a Brasil y Perú, donde Esteban continuó acumulando puntos hasta conseguir la clasificación al Mundial.
Para Catalina, sin embargo, el mayor logro de su hijo no aparece en ningún ranking. “Al principio quería ganar siempre, como cualquier niño. Pero con el tiempo aprendió a manejar la frustración, el miedo y la presión. Hoy enfrenta las competencias de una forma completamente distinta y eso nos llena de orgullo.”
Esa madurez, asegura, se fue construyendo torneo tras torneo. «En las últimas competencias internacionales vimos cómo enfrentaba cada dificultad con mucha tranquilidad. Más allá de los resultados, vimos crecer a nuestro hijo.»
En cada viaje hay un compañero inseparable: un peluche Pokémon que Esteban lleva a todas las competencias. Fue un regalo de sus padres antes de viajar a Curitiba y desde entonces no se ha separado de él. “Él dijo que lo iba a acompañar a todas partes, y así ha sido”, cuenta Catalina entre sonrisas.
Mientras se acerca el viaje a Estados Unidos, la preparación continúa. Esteban sigue entrenando casi a diario y, aunque la magnitud del desafío impresiona a cualquiera, él lo enfrenta con absoluta calma. Su madre reconoce, entre risas, que los nervios recaen más en los adultos que en el propio competidor.
A lo largo de este proceso también ha encontrado una comunidad dispuesta a apoyarlo. Jugadores con experiencia internacional, jueces, organizadores y tiendas especializadas han sido parte de su crecimiento. «Siempre ha tenido muy buena recepción. Hay jugadores que ya participaron en mundiales y se ofrecen a entrenar con él para que siga mejorando», explica Catalina.
El último año, sin embargo, no fue fácil para la familia. Enfermedades, dificultades económicas y momentos complejos pusieron a prueba su fortaleza. Incluso Esteban debió renunciar a uno de los viajes a Brasil para acompañar a su madre durante un problema de salud. Aun así, nunca dejó de entrenar ni de competir.
“Él se esforzó muchísimo durante todo el año. Vivimos momentos muy difíciles como familia, pero nunca dejó de luchar. Para mí, el solo hecho de haber clasificado significa que ya ganó. Ahora queremos que disfrute esta experiencia y entregue lo mejor de sí”, afirma Catalina con emoción.
Pokémon también terminó uniendo aún más a la familia. Hoy todos juegan y conocen el mundo de las cartas coleccionables, aunque reconocen que el principal objetivo es seguir apoyando a Esteban para que pueda desarrollar todo su potencial.
Hasta ahora han financiado cada viaje con recursos propios. Aunque en el pasado recibieron algunas propuestas de patrocinio, decidieron privilegiar que el juego siguiera siendo una experiencia entretenida para su hijo y no una obligación. “Si llega alguien que quiera apoyarlo sin ponerle presión, por supuesto que estaremos abiertos a conversar”, señala Catalina.
Para Esteban, en cambio, la respuesta es mucho más simple cuando le preguntan qué es lo que más disfruta de este deporte. “Lo que más me gusta es ganar y hacer nuevos amigos”, dice con la naturalidad de un niño que ya ha construido amistades con jugadores de Argentina, Brasil y Perú, y que pronto sumará nuevos compañeros cuando represente a Chile en San Francisco.
A pocas semanas del Mundial, el sueño ya es una realidad. Más allá del resultado que obtenga en Estados Unidos, Esteban viajará sabiendo que detrás de cada partida hay una familia que creyó en él desde el primer día y que convirtió un simple mazo de cartas en una historia de esfuerzo, aprendizaje y amor incondicional.