Hay discos que marcan una época y otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia cultural de un país. Para Miguel Tapia, “Pateando Piedras” pertenece a esa segunda categoría.
El próximo 15 de septiembre, el músico volverá al escenario del Teatro Caupolicán para conmemorar los 40 años del emblemático álbum de Los Prisioneros, una obra que no solo cambió el sonido de la banda, sino que también dejó canciones que siguen resonando en distintas generaciones y rincones de Latinoamérica.
A pocos meses del concierto, Tapia reconoce que la fecha tiene un significado especial. No solo por la importancia del disco, sino también porque será una oportunidad para reencontrarse con el público chileno después de varios años dedicados principalmente a giras internacionales.
“Es un honor presentar este disco en Santiago”
Miguel Tapia no oculta la emoción cuando habla de este proyecto. De hecho, asegura que el concierto en el Caupolicán representa mucho más que una celebración nostálgica.
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“Para mí es un honor poder presentar un disco tan importante como “Pateando Piedras” en Santiago. Es un álbum que significó un antes y un después en el sonido de Los Prisioneros”, afirma.
Durante los últimos años, el músico ha recorrido escenarios de distintos países junto a su banda, una realidad que incluso sorprende a muchos seguidores.
“Hay personas que me escriben preguntándome cuándo voy a volver a Chile a tocar. Algunos incluso creen que vivo fuera del país porque hemos estado tocando muchísimo en el extranjero”, comenta entre risas.
Por eso, el espectáculo del 15 de septiembre tendrá un valor especial.
“Será la oportunidad de mostrar en Chile el mismo show que estamos haciendo afuera, con una producción grande y con la excusa perfecta de celebrar los 40 años de Pateando Piedras”.
Las canciones que siguen hablando del presente
A cuatro décadas del lanzamiento del disco, Tapia está convencido de que el secreto de su permanencia no está en la nostalgia.
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Al contrario.
Para él, canciones como “El baile de los que sobran”, “Muevan las industrias” o “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos” siguen conectando con las nuevas generaciones porque los temas que abordan continúan vigentes.
“Yo no alcanzo a sentir melancolía cuando interpreto estas canciones”, reconoce.
Y explica por qué.
“Cuando voy a Colombia y veo a estudiantes tocando “El baile de los que sobran” frente a una universidad, o cuando escucho a miles de jóvenes cantar estas canciones en Lima, Bogotá o Arequipa, me doy cuenta de que siguen siendo absolutamente actuales”.
Según el músico, esa conexión trasciende edades y fronteras.
“Me sorprende seguir viendo chicos de 10, 15 o 20 años en los conciertos. Eso me hace pensar que si Los Prisioneros aparecieran hoy, probablemente tendrían el mismo impacto”.
Un legado que sigue cruzando generaciones
Tapia reconoce que pocas bandas tienen la fortuna de mantener una conexión tan fuerte con públicos tan distintos.
Por eso, asegura que existe una responsabilidad importante cada vez que sube al escenario.
“Tenemos el deber de presentar estas canciones con respeto, con buen sonido y con un equipo técnico de primer nivel. Sabemos lo que significan para mucha gente”.
El músico explica que cada presentación se transforma en una experiencia colectiva donde convergen distintas historias.
“Para algunos representan su juventud, sus barrios, sus familias o el Chile que vivieron. Para otros, son canciones que descubrieron muchos años después. Eso es muy emocionante”.
El sueño de llevar este espectáculo por todo Chile
Aunque el concierto del Caupolicán será el gran punto de partida de esta celebración, Miguel Tapia adelanta que el objetivo es mucho más ambicioso.
La idea es recorrer distintas ciudades del país durante los próximos meses.
“Ya se está trabajando para abrir puertas y llevar este espectáculo a todo Chile. Tenemos muchas ganas de tocar acá”.
El músico admite que le resulta extraño pasar gran parte del tiempo viajando por Latinoamérica y no presentarse con la misma frecuencia en territorio nacional.
“Vivimos mucho entre hoteles y aeropuertos. Por eso sería una felicidad enorme poder compartir este show con la mayor cantidad de público chileno posible”.
“Fuimos tres tipos tremendamente afortunados”
Al cierre de la conversación, Tapia se toma unos segundos para reflexionar sobre su trayectoria.
Y lejos de hablar de metas pendientes, prefiere enfocarse en la gratitud.
“No le puedo pedir nada más a la vida”, asegura.
Recuerda los años de éxito junto a Los Prisioneros, los conciertos masivos y los históricos shows en el Estadio Nacional.
“Siempre traté de mirar todo un poco desde afuera y entender lo que estábamos viviendo. Hoy me doy cuenta de que fuimos tres tipos tremendamente afortunados”.
Por eso, asegura que su mayor satisfacción sigue siendo la misma.
“Poder tocar estas canciones, disfrutar arriba del escenario con mi banda y ver que el público las canta de principio a fin. Eso es un regalo. Y mientras pueda, lo quiero seguir compartiendo”.
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