El papa León XIV presentó este lunes de forma oficial su primera encíclica, titulada “Magnifica humanitas” (Magnífica humanidad), un documento magisterial dedicado íntegramente a la protección de la dignidad humana frente al avance y expansión de la revolución de la inteligencia artificial (IA).
El propio Pontífice lideró el acto de lanzamiento en las dependencias del Vaticano, marcando un hito inédito en la historia de la Iglesia Católica, ya que ninguno de sus predecesores había presentado de manera personal uno de sus escritos teológicos.
De acuerdo con lo consignado por el medio oficial Vatican News, el texto fue firmado formalmente el pasado 15 de mayo, coincidiendo de forma exacta con el 135.° aniversario de la histórica encíclica “Rerum novarum” dictada por León XIII. El documento arranca con la premisa de que la tecnología no es una “fuerza antagónica respecto a la persona” ni “un mal en sí misma”, pero advierte de manera tajante que “no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Ante la disyuntiva histórica de “levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”, León XIV llamó a regular la IA bajo criterios de justicia social, alertando que “no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos”.
Críticas al paradigma tecnocrático y propuesta de “ayuno de la IA”
La carta pontificia profundiza en las advertencias contra el denominado “paradigma tecnocrático”, una corriente previamente denunciada por el papa Francisco en la cual las decisiones globales quedan supeditadas de forma exclusiva a parámetros de eficiencia técnica y beneficio económico. León XIV afirma que la tecnología más potente no es necesariamente la mejor, recordando que la IA puede imitar y simular al ser humano, pero carece absolutamente de conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional o espiritual. Por ello, aboga por abordar estas herramientas con sobriedad y vigilancia, exigiendo claridad en la rendición de cuentas (accountability), marcos jurídicos adecuados, supervisión independiente y educación de los usuarios.
En el ámbito del empleo, la encíclica analiza el impacto directo de la automatización. “Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores”, sostiene el escrito, enfatizando que estos sistemas deben centrarse en el bienestar de la persona y no meramente en el rendimiento financiero. En este sentido, el Papa propone superar el Producto Interno Bruto (PIB) como único indicador de desarrollo, promoviendo indicadores basados en la reducción de desigualdades y la protección del medio ambiente. Asimismo, en materia educativa, el líder religioso acuñó el concepto de “educarse en el ayuno de la IA”, con el fin de preservar el pensamiento crítico y el deseo de los jóvenes por formular preguntas frente al conocimiento automatizado.
Guerra algorítmica, examen de conciencia y disculpa histórica
Otro de los puntos de mayor tensión de la publicación apunta hacia la industria bélica y lo que el Pontífice denomina la “gramática de los conflictos híbridos”. Al respecto, el texto explicita de forma categórica: “No existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable; es más: la tecnología no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: sólo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos”.
El Papa tampoco eximió a la propia estructura eclesiástica de las exigencias de justicia social y subsidiariedad, convocando a la institución a realizar un profundo “examen de conciencia” para sanear las distorsiones internas que generan desigualdades. La invitación formal incluye escuchar de manera activa a las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia como parte de un proceso de reparación justa y prevención.
Finalmente, vinculando la tecnología con los derechos humanos, León XIV denunció que la IA genera nuevas formas de esclavitud, ejemplificando en los “cuerpos marcados, mutilados, consumidos” de los trabajadores destinados a la extracción de las denominadas “tierras raras” esenciales para los componentes tecnológicos. Junto con condenar la mercantilización de personas y el colonialismo digital que depreda datos personales con fines estratégicos, el sucesor de Pedro aprovechó el documento para pedir “sinceramente perdón” por el retraso histórico con el que la Iglesia Católica condenó en el pasado el flagelo de la esclavitud.
Cabe destacar que “Magnifica humanitas” se alinea como el segundo gran documento de este pontificado, tras la publicación previa de su exhortación apostólica “Dilexit te”.
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