La exministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, reaccionó este sábado a la medida de prisión preventiva dictada contra Gonzalo Migueles, su pareja, y los abogados Eduardo Lagos y Mario Vargas Cociña, imputados en el caso Muñeca Bielorrusa.

Vivanco cuestionó la resolución y criticó que se la mencionara extensamente pese a no estar formalizada.

En la audiencia, la jueza Michelle Ibacache afirmó que “el fantasma de la corrupción en el Poder Judicial se ha hecho realidad” y sostuvo que lo expuesto durante la formalización muestra la formación de una red de corrupción que abarcaría a una ministra de la Corte Suprema, conservadores de Bienes Raíces, notarios y abogados.

Después de esto, Vivanco leyó un comunicado frente a la prensa. Ahí apuntó directamente a la jueza: “Resulta inexplicable que el tribunal haya concluido la existencia de delitos y mi presunta participación con indicios que la propia jueza cuestionó por ocho jornadas”.

Lo que sigue es su reclamo central: que se la mencionó reiteradamente sin estar presente ni tener derecho a defensa, ya que ,según recalca, no ha sido formalizada y aún existe una tramitación pendiente en la “querella de capítulos”.

Vivanco agregó que su defensa no pudo intervenir y calificó la situación como una repetición de lo que vivió en su salida del cargo: “Fui víctima de un procedimiento de ‘remoción express’ que duró un mes en las más precarias condiciones”.

En paralelo, defendió su trayectoria: afirmó que nadie se ha “reído del país” y se desmarcó de los dichos de la jueza Ibacache sobre los “fantasmas de corrupción”.

Más tarde, frente a preguntas de la prensa, dijo no sentirse conforme con nada de lo ocurrido en estas audiencias, porque se hablaron hechos que se le atribuyen, pese a que ella no era parte del proceso de formalización.

Respecto a una eventual apelación de las defensas de los imputados, señaló que “es lo que corresponde”.

En el fondo, su declaración dejó una imagen clara: la exministra se siente acusada sin juicio, observada sin haber sido llamada a responder, como si estuviera atrapada en un pasillo donde todos murmuran su nombre pero nadie le permite entrar a la sala.