Soy Fernando Garay, director y fundador de Twitteros Solidarios. Llevamos 9 años utilizando las redes sociales pretendiendo sacar lo mejor del ser humano. Hacemos campañas solidarias en las que la gente ayuda retwitteando, difundiendo, poniendo un me gusta, utilizando hash tags, para que más personas puedan sumarse a estas misiones.

Esta iniciativa nació por cosas del azar, ya que por años y en época de Navidad yo iba a Correos de Chile, en el contexto de la campaña “Una Carta un Sueño”, y escogía una carta para ayudar al niño que la había enviado.

En el 2011 lo quise hacer distinto. Sentía que la gente también podía colaborar y pusimos el hash tag de esa campaña en Twitter, que en ese tiempo no era un medio tan violento (a como está hoy) y era muy elitista, pero de igual forma quise motivar a la gente.

Pensaba que, si llegaban 10, 15 twitteros para apadrinar a un niño en Navidad, estaba hecha la pega. Llegaron más de 150 personas y fue muy lindo ver a gente de todas las edades, leyendo cartas, emocionándose por poder apadrinar a los niños y después que subieran fotos regalando la bicicleta, los lápices, una polera, un pantalón, lo que sea.

De ahí nace la posibilidad de utilizar estas redes sociales en forma positiva. Quedamos tan motivados en 2011, que lo hicimos un 10 de diciembre, y quisimos juntarnos nuevamente, pero quisimos abarcar a más gente y que nos escucharan por los medios de comunicación.

Fui a una radio por una entrevista de 5 minutos para poder difundir la solicitud de ayuda y la gente empezó a llamar. Tal vez por ser época de Navidad la gente está con su corazón más amplio, más ávida de ayudar… llegaron 500 personas en esa segunda instancia.

De ahí vino un incendio grande en el campamento Monte Sinaí, en Miraflores, Viña del Mar, que quemó 60 casas y dejó a 400 personas en la calle. La gente nos empezó a preguntar si íbamos a hacer algo. Nos organizamos con un grupo de amigos, éramos 3 o 4, ni siquiera le poníamos Twitteros Solidarios ni nada, nos conseguimos un colegio para recibir toda la ayuda y la gente empezó a volcarse en masa, con mucha ayuda, con alimentos no perecibles, con ropa.

Hoy en día me siento contento, estoy más feliz que hace 9 años porque estoy en la vereda del que puede ayudar, porque uno no sabe las vueltas de la vida. Si queremos ayudar: la unión hace la fuerza…

Somos un grupo de 70 personas con distintas profesiones y oficios y que nos volcamos en poder generar estas plataformas de ayuda. Así ha ido creciendo Twitteros Solidarios, de a poco, nos sentimos útiles.

El chileno humanitario

El chileno es muy solidario, cuando ayuda lo hace de corazón, pero somos muy flojos. Ayudamos en la Teletón, en un mega incendio, en un terremoto y, hoy día, en la pandemia, pero en el día a día, en el mes a mes, somos poco solidarios, no ayudamos mucho.

Nos encontramos en una vorágine de trabajo, de cosas que cada uno hace. Además, las redes nos consumen, estamos luchando por el like, por ser más viralizados y eso nos mantiene ocupados. Nos quita horas de conversación, de mirarnos a los ojos, de salir.

A veces, en una reunión de tres amigos vemos que todos están en un WhatsApp distinto, hablando con el que no vino, entonces la tecnología es buena pero también nos divide, nos aleja, por tanto, en ese contexto yo digo si, el chileno si es solidario, somos los campeones de la solidaridad, pero cuando el otro hace cosas… la ayuda lo que sale en la televisión.

Vemos que han pasado varios años desde el incendio de Valparaíso y ya no veo gente ayudando en los cerros; han pasado varios meses del Incendio de Santa Olga, y no veo a gente ayudando allá.

Nosotros tratamos de construir esos puentes de forma constante. A eso es a lo que vamos: a que esta plataforma ayude de forma permanente.

Estamos en época muy particular, la pandemia nos tiene confinados en nuestras casas, pero hay gente que lo está pasando más mal que uno y el dolor del hambre es lo peor que le puede pasar el ser humano. De sólo pensar que hay niños y adultos mayores que se están muriendo de hambre me hace sentir que debemos dar la pelea para llevar esa alimentación… la gente tiene que ayudar de verdad. La solidaridad es dar sin esperar nada a cambio.

Las dos caras de la solidaridad

Hay gente que está muy unida, que está trabajando por las demás personas, que está en los campamentos y está cocinando y hace un trabajo extraordinario. La gente que tiene menos es la que más se une.

Tal vez, el tipo que es más profesional, el que tiene su empresa, el que está más acomodado es mucho más individualista, ve solamente su entorno y está más preocupado de su 10%, de sus cosas, de su entorno más familiar y poco empatiza con los más pobres.

Eso lo he visto después de ir a todos los cerros de Viña y recorrer muchos campamentos. He visto en los más humildes mucha unión, en el sentido de que con muy poco dan más y, a veces, los que tienen más recursos no logran dar, porque finalmente no viven eso, no tienen calle para ir a recorrer cerros en donde la gente está mal.

Tal vez sea porque tienen otra realidad, no los individualizo ni nada, cada uno sabe dónde le aprieta el zapato en ese contexto… ojalá que con esta pandemia mucha más gente pueda ayudar.

Hay hartas campañas de ayuda a ollas comunes en todo Chile. Lo que se ve en Viña es un fiel reflejo de lo que pasa en todo el país y el mundo, pero esta ayuda se está acabando, porque las grandes empresas están ayudando menos, ya que también lo están pasando mal. Está complejo el tema.

En los cerros veo unidad, en la gente más humilde veo la esperanza de que van a salir adelante, pero también veo ese egoísmo de las personas que tienen más. Porque hoy en lo único que tenemos que pensar es en comer, estamos todos en igualdad de condiciones.

Las ollas comunes

Para ser sincero tengo sentimientos encontrados al hablar de este tema, porque siento satisfacción por lograr una meta inesperada que hicimos con Everton y que logramos dar 60 mil almuerzos, los que van a durar hasta cuatro semanas en algunos campamentos, pero eso se va a acabar.

¿Cómo le dices a un niño, a una mamá o a un adulto mayor que ya se está acabando la olla común? Entonces llegas a tu casa y piensas que se hizo una buena pega, pero hay que seguir trabajando.

La cosa está muy compleja, me pongo en los zapatos de ellos y digo que el peor dolor es el hambre y por eso la invitación es que la gente se una, que ayude, que se junten entre sus vecinos para hacer una olla, pensar en los adultos mayores que tienen una pensión mínima. Ese es el llamado, que la gente pueda ayudarse y cooperar con los demás.

Esta tarea no es fácil, hay que ser constante, tener credibilidad. Lo peor que puede pasar es estar en la zona de confort y quedarte solo con las ganas. Hay muchas familias en los cerros que se unieron 2 o 3 personas y hoy son 6, 7 y que están sacando un comedor adelante, haciendo una labor extraordinaria.

Llegas a casa y dices “hoy me puedo acostar tranquilo”, con la satisfacción de que hiciste algo bonito y que la gente está comiendo por tu gestión, pero también quedas preocupado, porque pasa el tiempo y esa alimentación se va a acabar, porque esto viene para largo, estamos en la etapa 2 recién.

Emociones a flor de piel

Colaboramos durante el año con los campamentos, trabajamos mucho con las personas que viven ahí, por lo tanto, tengo una estrecha relación con ellos y es allá donde hay más niños y adultos mayores. Me llega mucho eso, porque siento que el adulto mayor vive más solo y cuesta que verle una sonrisa. Tal vez vivió gran parte de su vida trabajando y hoy está confinado en su casa, encerrado por esta pandemia y debe costarle mucho más la vida y eso me hace pensar que tenemos que hacer mucho más por ellos.

He visto muchas historias difíciles, nos hemos emocionado, hemos llorado de pena y alegría, nos hemos estrechado los codos, porque no podemos abrazarnos, aunque vayamos con todos los sistemas de seguridad para que nadie de nosotros se pueda enfermar.

El cariño de la gente se siente igual y la emoción aflora cuando nos cuentan sus historias, cuando te saludan o te dan una mirada. Ahora sólo nos vemos los ojos, porque estamos todos con mascarilla.

Los ojos reflejan el alma y eso te llega… cuando alguien te dice gracias. uno siente que te lo dicen desde el corazón y cuando te dicen estamos con poca comida, te duele el alma y el corazón. Eso te da más fuerza para llamar a las empresas.

En Chile estamos sufriendo un tema de desconfianza grande. La gente confía poco en el otro y, afortunadamente, Twitteros Solidarios ha servido para que muchas personas se puedan sumar a la solidaridad, lo hacemos lo más transparente posible, con hartas fotos y videos, los viralizamos un montón.

Los medios de comunicación son el ministro de fe de las cosas que hacemos y decimos. Sé que la solidaridad no es la primera noticia en el país, porque vende más lo negativo, pero agradezco que los medios nos tengan en cuenta y nos viralicen, porque una entrevista puede ser vista por alguien que se puede sumar a querer ayudar y eso hace que valga la pena todo el esfuerzo.

Enseñanzas del Covid

Tenemos que valorar las pequeñas grandes cosas que nos da la vida. Hoy echamos de menos el atardecer, caminar por la orilla del mar, la brisa, compartir con los amigos, los abrazos. Se extraña el valor intrínseco, que va mucho más allá del valor monetario, y siento que hoy estamos más empáticos, que logramos ponernos en los zapatos del otro y no solamente con palabras, sino que con acciones. Hay que actuar… si lo pensaste, hay que hacerlo.

En nuestro caso, lo que hicimos con Everton, fue pensado en 3 semanas. Ellos se motivaron porque 4 empresas me colaboraron para ayudar a 8 campamentos, y nosotros viralizamos las gracias a estas entidades.

Ahí nació el Partido por la Solidaridad, donde participaron millones de personas. Fue lindo ver a tanta gente comprando tickets. El resultado fue que logramos llegar con mercadería, verduras y una carga de gas a 52 campamentos. Fueron 18 millones que se dividieron en estos campamentos.

La invitación entonces es a que la gente se una y arme algo, que se pueda ayudar en esta época de pandemia, ya que hay gente peor que uno. Si tú quieres, vas a encontrar una forma de ayudar.

 

 

Proyecto financiado por el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional de Valparaíso