Según la revista norteamericana Foreing Policy aseguró que «la administración de Trump organizó una campaña fallida el año pasado para descarrilar el nombramiento de la expresidenta», Bachelet, desde el 1 de septiembre de 2018, detenta el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La Casa Blanca habría mostrado su recelo ante el nombramiento de la izquierdista como Alta Comisionada de los Derechos Humanos, debido a su visión en temas tan progresivos como el aborto y de política internacional como es el tema de Israel. Además, de aseguró que no sería propicio una Comisionada que se retratara con «dictadores latinoamericanos», asegura la publicación.

Estas dudas las expresó la exembajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Nikki Haley, en una misiva enviada en mayo al Secretario General Antonio Guterres, a la cual tuvo acceso la publicación. Sin embargo, Haley se quejó de que se hiciera caso omiso a las dudas de Washington ante el nombramiento de Bachelet.

Por otro lado, se conoció que en el texto de la misiva el gobierno encabezado por el presidente Trump no se opuso expresamente a su nombramiento; sin embargo,  «Washington se opuso firmemente a esto e intentó detener el proceso de nombramiento hasta el final».

Finalmente, el 8 de agosto Guterres le envió un correo a Haley señalando que recién había sabido de la inquietud estadounidense dos días antes de la designación.