Un iceberg de un billón de toneladas y 5.800 kilómetros cuadrados se desprendió de la Antártida, amenazando el tráfico marítimo de los barcos que navegan por las cercanías del continente blanco.

Pese a que el desprendimiento de este gran bloque de hielo era previsto por los científicos, gran sorpresa causó la rapidez con la que éste se efectuó.

Adrian Luckman, profesor de la Universidad de Swansea y primer investigador del Proyecto MIDAS, indicó que «el iceberg puede seguir siendo de una pieza, pero es más probable que se desintegre en fragmentos».

Continuó explicando que «parte del hielo puede permanecer en la zona durante décadas, mientras que otras partes del iceberg pueden ir a la deriva hacia el norte, hacia aguas más cálidas»